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sábado, 10 de agosto de 2013

10 minutos antes de morir

 

Es una casualidad que un hombre con muchos pre-saberes pero con pocas decisiones de si les esté hablando por medio del papel, no es que me guste escribir estupideces, pero el hombre vive de lo último recién dicho, -estupideces-, la estupidez a quedarse solo, a morir lejos de casa, a vivir ajeno a lo que no quiere, a desear lo que es imposible y mitigar lo posible, si les extraña mi escritura, no estoy muy conforme a ella, hablo para ustedes, no para mí, yo ya viví lo que pretendía, solo me queda escribir lo que sucede desde el día, por el cual mi cabeza empezó a tener problemas con los demás, eso que llama Elizabeth Woolridge “The war in my mind”.

Para empezar hablare de mis teorías, si, teorías como las llama Habermas a su concepto de la acción comunicativa, como la llama Kant con su teoría del deber, Barthes con idea semiótica y como la implementa Thoreu con walden, la mías son teorías de la vida, aunque las de Thoreu son también de vida la diferencia es que estas son mías, una de ellas, es una hipérbole de la verdad otro concepto al cual acudiré más tarde. Siguiendo, la vida es lo único que nos queda, eso que no sabemos, eso que no pensamos y viceversa, eso que existiésemos pero a la vez no, ella es eso, la nada a la cual llegamos y de la cual venimos, para no enredarlos, la vida para mí y creo que para muchos es lo que se tiene por suerte, -aunque para mí no exista- es lo que conseguimos sin previo aviso, el todo que se deja de obtener, son las consecuencias que recurren del álbum de Enrique, es eso, nada.

Hay una bonita palabra, por la que, todo el mundo recurre cuando se siente ensimismado del mundo y es un bello vocablo caracterizado por el marketing mundial AMOR, expresión que se derivó de los griegos y se promulgo en la Roma imperial, para resumir la palabra de cuatro letras, les hablare de lo que viví, sentí y poseí en una tarde de invierno en mi país.

Eran las 10 de la mañana, me sentía solo, lloraba de alegría a ver un lindo rostro, -claro está que lo veía todos los días- un rostro no muy llano, un rostro que ves y te idolatra verlo todo el día, de los días, de toda la vida, dicho día decidí expresar lo que en ese entonces sentía, eso que llaman ustedes amor y por la cual, estoy refutando mi idea anterior, en ese momento no tenía muy claro esa noción de dicho estado, hacia caso a la sonrisa que irradiaba mi rostro cuando la veía, si, era un niño todavía pensaba con los poros de la piel, lo que si tengo claro es que todavía nos gustamos, en el atardecer de ese día le regale lo que a mis padres en la mañana les había robado, amor.

Una historia de 7 renglones pero que al fin fue historia. Me encontraba en una bella tarde de abril, como lo dice Rodolfo en su canción más pegada, que bello abril, bueno ese abril para mí fue hermoso sin ninguna duda, me sentía un ser orgásmico, con el buen sentido de la palabra. Feliz.

El punto es que el día en que supuestamente me enamore o sentí amor, como sea, fue el día en que me odie y no era porque fuera un idiota o un simple charlatán que no podía con ella, fue porque ella no pudo conmigo, la doble personalidad tanto de las mujeres como de los hombres tienen al mundo así, infeliz.


Retomando la idea que deje inconclusa al principio, mi verdad, no se a cuantos de ustedes le habrán dicho la verdad y cuantos la han dicho, solo sé que muy pocos, empecemos, ¿Qué es verdad?, lo que dice la sonrisa del guasón o como la niña que te saluda a la distancia, pues simplemente la verdad es lo que ocultas todos los días al salir a la oficina o al coger el metro para ir a la Universidad, la cual es mi caso, yo hablo de esa verdad, la verdad absoluta, la de los pensamientos nunca mencionados, la de los sentimientos nunca expresados, las mentiras repentinas para ocultarla,  ¿pero podríamos ser realmente verdaderos? Estas son las preguntas que me hice 10 minutos antes de morir.