Es una casualidad que un hombre
con muchos pre-saberes pero con pocas decisiones de si les esté hablando por
medio del papel, no es que me guste escribir estupideces, pero el hombre vive
de lo último recién dicho, -estupideces-, la estupidez a quedarse solo, a morir
lejos de casa, a vivir ajeno a lo que no quiere, a desear lo que es imposible y
mitigar lo posible, si les extraña mi escritura, no estoy muy conforme a ella,
hablo para ustedes, no para mí, yo ya viví lo que pretendía, solo me queda
escribir lo que sucede desde el día, por el cual mi cabeza empezó a tener
problemas con los demás, eso que llama Elizabeth
Woolridge “The war in my mind”.
Para empezar hablare de mis
teorías, si, teorías como las llama Habermas a su concepto de la acción
comunicativa, como la llama Kant con su teoría del deber, Barthes con idea semiótica
y como la implementa Thoreu con walden, la mías son teorías de la vida, aunque
las de Thoreu son también de vida la diferencia es que estas son mías, una de
ellas, es una hipérbole de la verdad otro concepto al cual acudiré más tarde.
Siguiendo, la vida es lo único que nos queda, eso que no sabemos, eso que no
pensamos y viceversa, eso que existiésemos pero a la vez no, ella es eso, la
nada a la cual llegamos y de la cual venimos, para no enredarlos, la vida para
mí y creo que para muchos es lo que se tiene por suerte, -aunque para mí no
exista- es lo que conseguimos sin previo aviso, el todo que se deja de obtener,
son las consecuencias que recurren del álbum de Enrique, es eso, nada.
Hay una bonita palabra, por la
que, todo el mundo recurre cuando se siente ensimismado del mundo y es un bello
vocablo caracterizado por el marketing mundial AMOR, expresión que se derivó de
los griegos y se promulgo en la Roma imperial, para resumir la palabra de
cuatro letras, les hablare de lo que viví, sentí y poseí en una tarde de
invierno en mi país.
Eran las 10 de la mañana, me
sentía solo, lloraba de alegría a ver un lindo rostro, -claro está que lo veía
todos los días- un rostro no muy llano, un rostro que ves y te idolatra verlo
todo el día, de los días, de toda la vida, dicho día decidí expresar lo que en
ese entonces sentía, eso que llaman ustedes amor y por la cual, estoy refutando
mi idea anterior, en ese momento no tenía muy claro esa noción de dicho estado,
hacia caso a la sonrisa que irradiaba mi rostro cuando la veía, si, era un niño
todavía pensaba con los poros de la piel, lo que si tengo claro es que todavía
nos gustamos, en el atardecer de ese día le regale lo que a mis padres en la
mañana les había robado, amor.
Una historia de 7 renglones pero
que al fin fue historia. Me encontraba en una bella tarde de abril, como lo
dice Rodolfo en su canción más pegada, que bello abril, bueno ese abril para mí
fue hermoso sin ninguna duda, me sentía un ser orgásmico, con el buen sentido
de la palabra. Feliz.
El punto es que el día en que
supuestamente me enamore o sentí amor, como sea, fue el día en que me odie y no
era porque fuera un idiota o un simple charlatán que no podía con ella, fue
porque ella no pudo conmigo, la doble personalidad tanto de las mujeres como de
los hombres tienen al mundo así, infeliz.
Retomando la idea que deje inconclusa al principio, mi verdad, no se a cuantos de ustedes le habrán dicho la verdad y
cuantos la han dicho, solo sé que muy pocos, empecemos, ¿Qué es verdad?, lo que dice
la sonrisa del guasón o como la niña que te saluda a la distancia, pues
simplemente la verdad es lo que ocultas todos los días al salir a la oficina o
al coger el metro para ir a la Universidad, la cual es mi caso, yo hablo de esa
verdad, la verdad absoluta, la de los pensamientos nunca mencionados, la de los
sentimientos nunca expresados, las mentiras repentinas para ocultarla, ¿pero podríamos ser realmente verdaderos? Estas
son las preguntas que me hice 10 minutos antes de morir.